No podría ser mas anónimo su nombre y no podría ser menos anónima su presencia. Miradas, gestos, no de su cuerpo ni facies terrenal, de sus mucosas hablando, de su corazón saltando. Sobre la mesa de trabajo pedía espacio y tranquilidad, seguramente ya lo sabia. Pero hay tantos otros que lo saben y yerran en su saber…

Yo pasaba por allí cuando me encontré con él:

– Podrías…?

– Si! Puedo!

Magnánima disposición, egoísta actuación. Cegado por el brillo de la espada, reluciente como sable bajo el mediodía del estival sol mesetar.

Que como estaba el campo? No hubo tiempo de verlo, se miró pero la sinrazón de la batalla borraba el charco negro de la verdad.

Cuerpos magullados, miembros amputados, el trigal orlado de sangre en una belleza sin igual. La victoria a las puertas, Bucéfalo esperando en el pajar.

La brisa refresca y desorienta, el verdor gana protagonismo amenazando al vencedor, desarmado en la estepa, al albur de trepidantes sones y ritmos serranos, el frio cala los huesos, el miedo el corazón, la duda arrasa la razón.

Y pasa un día y pasa otro. Estandarte en mano, escudo en cinturón, digna apostura, vergonzante inmovilidad.

Y ocurre, y llega el grito, y sabe que todo se ha acabado, y que no había mas que hacer, desde el principio hasta el final y nada mas será hecho; pero continúa, en digna apostura, ahora inmovilizado por acto de contrición y por no saber hacia donde andar.

Y camina.

Y así el adalid de causas perdidas y otras puta(da)s tristes muere sin saber todavía qué es lo que está por llegar. Camina impulsado por una nueva fuerza que a falta de impulsar sus piernas percute su corazón, literalmente.

Un nuevo sistema de poleas, aparentemente más rígidas pero también más resistentes, ya reclama experiencia que lo engrase y le de flexibilidad.

Pero él de esto no sabe nada, solo sabe que no puede dejar de caminar.

To CG

Advertisements